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lunes, agosto 17, 2015
domingo, abril 12, 2009
von san blas
El olor del patio el perrerío el abuelo héctor arrima las ollas de polenta con el bastón cinco o seis cachorros se preparan para el festín el sol sobre los tachos de aluminio camino en cuatro patas entre hocicos húmedos de leche tibia tironean del vestido floreado trepan por mi cabeza el firulai restriega su lomo contra mi cara huele a remedio del doctor zanini tiene ojos de pedir
saque a esa criatura de entre los animales grita angélica desde la cocina
miércoles, noviembre 26, 2008
discusión
dice la abuela que tía tita nunca se baña y que en su casa siempre hay ropa en todas las sillas total que las visitas siempre tienen que quedarse paradas y que es una orillera eso lo dice más fuerte para que mi abuelo la escuche cuando se está por ir al comité
dice el abuelo que su hermana es una artista que supo ser la más hermosa del pueblo hasta que el desgraciado de alberto la dejó con todo el ajuar bordado y
se casó con delia la hija de la modista
dice la abuela que la tía tita canta y fuma como un escuerzo y que eso no es de damas y por eso se quedó para vestir santos
dice el abuelo que el que fuma es el ekeko para asegurar la prosperidad porque en su familia todos han tenido siempre que ganarse el pan y no les vinieron las cosas de arriba como a los de arma torterolo
dice el abuelo que su hermana es una artista que supo ser la más hermosa del pueblo hasta que el desgraciado de alberto la dejó con todo el ajuar bordado y
se casó con delia la hija de la modista
dice la abuela que la tía tita canta y fuma como un escuerzo y que eso no es de damas y por eso se quedó para vestir santos
dice el abuelo que el que fuma es el ekeko para asegurar la prosperidad porque en su familia todos han tenido siempre que ganarse el pan y no les vinieron las cosas de arriba como a los de arma torterolo
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Angela Sabina de Arma Torterolo,
Hector Carlos Negri,
Tita Negri
domingo, marzo 30, 2008
sábado, enero 19, 2008
miércoles, septiembre 12, 2007
sábado, abril 16, 2005
jueves, abril 14, 2005
fotografía uno: la niña angélica
“de sabios, poetas y locos todos tenemos un poco,
pero algunos poseen más de locos
que de sabios y poetas”
Dicho popular corregido y mejorado por mi abuela
Era lo más parecido a un tornado. Nada quedaba en su lugar después.
A los 7 años le dieron a elegir: piano o labores.
Y allá fue, a lo de la Señorita Margarita a tocar el piano.
Otra cosa creía la niña Angélica de la música, la suponía llena de pájaros, de colores claros danzando en el aire, trepando a la ventana...jugando con la cola de los cometas en la plaza principal...pero no.
Teoría y solfeo. Do mayor, do menor, re sostenido, la....blancas y corcheas en fila como los soldaditos de plomo de Perico.
Y nada de andar tocando cualquier nota, aquí mando yo, señorita, mando yo!
Angélica estaba colorada de rabia, se mordía los labios para no contestar
-Responda señorita...¿estudió para hoy?
La nena hacía fuerza para no llorar, La Margarona , Margarina, Margaluna , Margaloca ésa, no la vería jamás mojar un pañuelo.
Siguió en silencio, apretando los dientes mientras la profesora indignada se incorporó:
-Muy bien- dijo, retorciéndose las manos por no darle un pellizco- usted, se quedará aquí, sola, encerrada, hasta que aprenda de memoria esta partitura...y hablaré con Don Manuel...
La niña no habló pero levantó la cabeza desafiante.
Luego sonó un portazo y dos vueltas de llave.
Al principio la melodía sonaba francamente mal, pero fue mejorando hasta que la maestra, que no abandonó en ningún momento la habitación contigua, sonrió satisfecha.
-Qué niña melindrosa había salido...pero se corregirá...
Lejana a estos pensamientos mi abuela era protagonista de su primer hazaña, sentada en la tapa del piano miraba la vida que pasaba por la ventana mientras tocaba la sonata con los pies.
pero algunos poseen más de locos
que de sabios y poetas”
Dicho popular corregido y mejorado por mi abuela
Era lo más parecido a un tornado. Nada quedaba en su lugar después.
A los 7 años le dieron a elegir: piano o labores.
Y allá fue, a lo de la Señorita Margarita a tocar el piano.
Otra cosa creía la niña Angélica de la música, la suponía llena de pájaros, de colores claros danzando en el aire, trepando a la ventana...jugando con la cola de los cometas en la plaza principal...pero no.
Teoría y solfeo. Do mayor, do menor, re sostenido, la....blancas y corcheas en fila como los soldaditos de plomo de Perico.
Y nada de andar tocando cualquier nota, aquí mando yo, señorita, mando yo!
Angélica estaba colorada de rabia, se mordía los labios para no contestar
-Responda señorita...¿estudió para hoy?
La nena hacía fuerza para no llorar, La Margarona , Margarina, Margaluna , Margaloca ésa, no la vería jamás mojar un pañuelo.
Siguió en silencio, apretando los dientes mientras la profesora indignada se incorporó:
-Muy bien- dijo, retorciéndose las manos por no darle un pellizco- usted, se quedará aquí, sola, encerrada, hasta que aprenda de memoria esta partitura...y hablaré con Don Manuel...
La niña no habló pero levantó la cabeza desafiante.
Luego sonó un portazo y dos vueltas de llave.
Al principio la melodía sonaba francamente mal, pero fue mejorando hasta que la maestra, que no abandonó en ningún momento la habitación contigua, sonrió satisfecha.
-Qué niña melindrosa había salido...pero se corregirá...
Lejana a estos pensamientos mi abuela era protagonista de su primer hazaña, sentada en la tapa del piano miraba la vida que pasaba por la ventana mientras tocaba la sonata con los pies.
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